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lunes, 21 de junio de 2010

JUAN MATEOS.


Nació en Ceuta en 1917 y falleció en Málaga el 23 de septiembre de 2003. El jesuita español Juan Mateos fue un hombre de cultura enciclopédica dotado de una memoria prodigiosa, se movía a sus anchas por todos los campos del conocimiento humano.

Estudió Medicina en Madrid y Granada, viendo interrumpidos sus estudios por la Guerra Civil. En 1940 entró en la Compañía de Jesús y en 1947 fue destinado a Roma. Terminada la Teología, continuó estudios en Francia, Austria, Líbano e Iraq.

Vuelto a Roma en 1958, obtuvo el doctorado en Ciencias Eclesiásticas Orientales. Fue catedrático de Liturgia en el Pontificio Instituto Oriental y profesor invitado en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Enseñó también en la Pontificia Universidad Gregoriana y en la Universidad de Propaganda Fide de Roma. Dio cursos en la Universidad "Lovanium" de Kinshasa (Congo) y, durante años, en varias Universidades de Estados Unidos y en el Instituto Pastoral para el Asia Oriental, de Manila.

Fue director durante diez años de la revista Orientalia Christiana Periodica, publicada por el Pontifício Instituto Oriental. En 1964 fue encargado por el entonces obispo D. Vicente Enrique y Tarancón de colaborar con Luis Alonso Schökel en la traducción al español de los textos bíblicos del Misal y, más tarde, de los del nuevo Misal en tres ciclos. En 1980 se trasladó a Granada, alternando la docencia en Roma con la preparación y publicación de comentarios a los Evangelios.

Fue un gran innovador en el campo de la exégesis bíblica.

A la enorme sabiduría atesorada, Mateos unía una gran capacidad de relación con las personas, con atención especial hacia aquellos que nadie tenía en consideración.

Todo cuanto escribía y enseñaba nacía de un profundo y exigente estudio de los textos bíblicos, pero asimismo era fruto de la práctica cotidiana del mensaje evangélico, que se concretaba en una vida de gran austeridad y de solidaridad hacia los últimos.

En 1990 se instala en Córdoba, donde pasó los últimos trece años de su vida, desarrollando una intensa tarea de publicaciones en torno al Nuevo Testamento, y donde cuantos le conocieron personalmente han tenido la gozosa experiencia de encontrarse ante un creyente moderno que propugna en su obra y en su vida conciliar la fe cristiana con la razón, la ciencia y la modernidad.

La traducción de la Biblia y los comentarios al Nuevo Testamento de Juan Mateos han sido, durante años, pilar y referente de la Teología de la Liberación así como alimento del movimiento de comunidades cristianas de base.

Fue presidente de la Fundación Epsilón, dedicada a la promoción de la investigación del Nuevo Testasmento y del idioma grigo imperante en tiempos de Jesús.

Las personas que tuvieron la suerte de tratar en profundad a Juan Mateo tienen el recuerdo imborrable de ser una persona educada, sabia y sobre todo el haber sido un hermano liberador de tabues, al presentar a un Jesús de Nararet plenamente humano.

Tuvo tensiones con la jerarquía, pues fue requerido en alguna ocasión por el Discaterio Romano de la Doctrina de la Fe, el Ex Santo Oficio. Siempre manifestó su respeto hacia sus superiores, pero mantuvo una gran independencia hacia ellos.


  • Hay una anécdota que define como los superiores de Compañía trataron Juan Mateos.


Estando Juan Mateos viviendo Córdoba se presentó en la residencia de San Hipólito en visita apostólica el Padre General Peter Hans Kolvenbach. Antes de comenzar la comida de Comunidad dijo: -Avisen a Juan Mateos de que tengo mucho interés en que se siente a mi lado en la comida. Juan con sumo gusto estuvo a su lado compartiendo una charla cordial, amistosa y amena.


Algunos pensamientos y planteamientos

  • Sobre la resurrección de Jesús decía: La resurrección de Jesús no podemos verla desde el sentido ingenuo, es decir, que sea aquella misma carne. Es, a nuestro parecer, una experiencia intensa y común del grupo de los apóstoles y los evangelistas, que saben que Jesús está o sigue vivo. Afirmamos la resurrección, por supuesto. Ahora bien, ¿en qué consiste ésta?. ¿En salir de un sepulcro?. ¿O en una nueva vida que no ha sido interrumpida por la muerte? Este en el punto de debate. El sentido de la resurrección es que la vida supera a la muerte tanto para Jesús como para nosotros. Documentalmente, no hay más que testimonios. Y son escritos de gente creyente, y eso es una fe más que un hecho histórico. En realidad, la resurrección es un hecho transhistórico, que se conoce por una experiencia interior.


  • Ante los hechos históricos de Jesús comentaba: ¿La figura de Jesús es histórica?. Sí, eso está claro. Por los testimonios que dan Tácito, Suetonio, Flavio Josefo. ¿Corresponde lo que dice a la figura de Jesús?. Primero vamos a ver lo que dicen los documentos de él. Porque están escritos no de una forma de historia y mucho menos en forma de crónica o biografía, sino que son la exposición de una experiencia. Es decir, toman datos históricos y los adaptan a su visión teológica. Valoran sólo lo que tiene sentido para la posteridad. Cogen una línea de trascendencia y la describen con un estilo que tiene valor simbólico. Pero, al ser simbólico, ¿es producto de la imaginación?. No. También hay una información, pero no meramente intelectual o conceptual, sino que además también es emotiva. De ahí la fuerza de estos símbolos.


  • Ante el valor histórico de los símbolos discurría: Este es el trabajo del investigador. Ver los sistemas simbólicos que usan los evangelistas, para luego descubrir debajo lo que ellos quieren darnos de historia. Por ejemplo: Jesús cura a un leproso. Ese leproso no lleva nombre, no se sabe dónde lo cura, no tiene precedentes ni contexto ninguno. Su realidad es anécdota. Y la anécdota no le interesa al evangelista. Es el tratamiento de un dato. El leproso en Israel era el prototipo del marginado, del marginado social, porque no podía ni entrar en los pueblos. Era un maldito de Dios y la ley judía, que se decía “Ley Divina”, prohibía tocar a los leprosos. Entonces Jesús no sólo no rechaza al leproso sino que lo toca, que estaba explícitamente prohibido por la Ley. ¿Qué es lo que se nos está diciendo con esto? ¿ Que Jesús cura a un leproso?. Eso es anécdota. Lo que se quiere decir es que Jesús toma postura pública contra una ley injusta. Y asegura que esa ley no es de Dios, porque Dios no margina a nadie. Eso es una valentía tremenda. Eso es lo histórico. Porque el leproso no es más que el medio por el que se vale el evangelista para dar un visión liberadora de Jesús.


  • La originalidad del mensaje de Jesús la comentaba de la siguiente forma: Jesús trata de crear una nueva sociedad, que lo viene a llamar los evangelistas “El Reino de Dios” donde, ya en esta vida, el hombre sea libre, se desarrolle plenamente, pueda ser él mismo y, luego, supere a la muerte. Esto es lo característico. No se trata sólo de que haya una vida feliz después de la muerte. Hace falta que exista esa felicidad “antes”, por este motivo hay que cambiar la sociedad humanana. Es el único personaje histórico de esas características que se propone cambiar la sociedad basada en la justicia y el amor. Esta es su gran originalidad y además su gran audacia. Por este motivo lo mataron. Aquella sociedad no resistía un hombre de esas formas de pensar y actuar.


  • Ante la forma de cómo se llevar este mensaje al mundo, comentaba: El cristianismo se considera a veces como la adhesión a un cierta serie de principios a, credos o dogmas. No, no, El cristianismo es una experiencia interna. Y esa experiencia se expresa en formulaciones que son los principios más o menos aceptados, más o menos condicionados por un época histórica, pero lo fundamental es una experiencia. Y esa experiencia es la de que Jesús, hoy sigue vivo. Y por eso está al alcance de todos nosotros. El problema fundamental que ya estaba planteado en el evangelio es que hombre llegue a su plenitud. Esa es la sociedad nueva que quiere Jesús. Todo lo que sea separar a Dios del hombre, -que es el peligro de todas las religiones- es un equivoco. Pensar que uno puede honrar y dar culto a Dios sin preocuparse de lo demás no es creer el Dios de Jesús. No es válido para un cristiano. Amar a Dios se demuestra amando al prójimo, y si no se ama al prójimo no se ama a Dios. Ante actitudes como esas, hace falta una teología que nos haga tomar conciencia de que Dios no tolera la injusticia. Esa es lo que pretende la teología de la liberación. Por lo tanto donde haya injusticia hay que remediarla, sea del hambre o de la ignorancia. Dicho esto, Hay que resaltar que el Dios verdadero no puede ser indiferente al dolor del hombre, y hay que decirlo clarísimamente. La teología de la liberación no es más que el primer capítulo de un gran tratado, que es la “Telogía de la Plenitud”. No basta decir que hay que liberar de algo, sino para qué.


  • Sobre si sus investigaciones escriturísticas molesta a la jerarquía decía: Mi persona suscita muchas filias y muchas fobias. No soy un hombre que pueda producir indiferencia. Pues la novedad asusta un poco. Claro, un investigador es alguien que hace progresar el conocimiento, no alguien que repite lo aprendido. El poner en cuestión algunos planteamientos o detalles pude resultar molesto. Lo que va sucediendo es que se va aceptando con cierta distancia de años, aunque en la actualidad haya como una invernada eclesial. Se quiera o no a se quiera el lenguaje que usa la jerarquía no es el que se había en los años cuarenta o cincuenta. Quiero decir, que van asimilando con cierto retrazo lo que los teólogos veníamos diciendo. Hay unas tensiones, pero no hay que afectarse por eso. El tiempo y la evolución imparable del pensamiento teológico nos dará la razón.

Testimonios


Juan Mateos acababa de terminar estos días el tercer volumen del Comentario de Marcos, con su muerte, la investigación y divulgación del Nuevo Testamento pierde a uno de sus mejores autores, pues desde la Fundación Epsilon que él presidía, continuaremos difundiendo su obra que tanto bien ha hecho para devolver al evangelio su rostro originario".


  • Alberto Maggi escribió un artículo en la revista "Rocca" nº6 recordando a Juan Mateos del cual se recogen estas líneas.


Hombre de cultura enciclopédica y dotado de una memoria prodigiosa, el saber de Juan Mateos se movía a sus anchas por todos los campos del conocimiento humano. A la enorme sabiduría atesorada, Mateos unía una gran capacidad de relación con las personas, con una atención especial hacia aquellos que nadie tenía en consideración. Todo cuanto Mateos escribía y enseñaba nacía ciertamente de un profundo y exigente estudio de los textos bíblicos, pero asimismo era fruto de la práctica cotidiana del mensaje evangélico, que se concretaba en una vida de gran austeridad y de solidaridad hacia los últimos.


  • Se recogen de la pagina web www.todosuno.org este comentario sobre Juan Mateos.


No sólo fue un maestro. Cuantos le han conocido personalmente han tenido la gozosa experiencia de encontrarse ante un creyente moderno que propugna en su obra y en su vida conciliar la fe cristiana con la razón, la ciencia y la modernidad, tarea de la que está tan necesitada la iglesia actual, a la que Juan Mateos consideraba arcaica por su lenguaje, ritos y culto, injustificadamente clericalizada por su jerarquía y tremendamente distante de vivir en la práctica los principales postulados del evangelio de Jesús de Nazaret, considerado por Juan Mateos en una de sus obras más brillantes "El Hijo del Hombre", modelo de plenitud humana.

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